He ido al Casino últimamente. Jugué algo de Poker, en una que otra maquina tragamoneda y, por qué no decirlo, una ruleta de la fortuna. He perdido absolutamente todo pero, sabes, al salir de allí salía contento ya que, después de todo dicen que "mala fortuna en el juego... buena suerte en el amor".
Sonriente, después de todo, caminé por las calles de Viña del Mar, tomé la locomoción colectiva con el escaso último billete que me quedaba y llegué a casa. El sueño, duro algo así como un pestañazo. A penas y cerré los ojos, ya era otro día.
Me meto a la ducha y entre que luego, me seco y me visto, el teléfono comienza a sonar con la melodía más romanticona que encontré entre los tonos polifónicos para identificar cuando "mi amor" llame (ejalé... tú también lo has hecho, verdad?)
- Amoor -dice ella-, vendrás a buscarme luego para que vamos a pasear...
- Eh... sí, claro, por supuesto -yo olvidando ponerme pantalones y dirigiéndome de inmediato a la billetera, veo, tiritando, las últimas lucas del sueldo del mes-. ¿A qué hora te paso a buscar, bebé? (nótese la expresión infantilizante reemplazante de los calificativos potencialmente peligrosos como "gordi" o "flaca" o "chanchi" para los orgullos anatómicos femeninos).
- Por qué no vienes ahora... es que estoy taaan aburrida (claro, pienso yo, eso no me lo dijiste anoche cuando preferiste salir "con tus amigas", dejándome sólo, triste y abandonado... snif), y quiero salir siquiera tomar un heladito...
- Yap... me visto, y me voy.
Cuelgo, me pongo mis mejores bóxers (no sé por qué :P jajaja) cualquier pantalón que pille en mi gabeta pormenorizada de pantalones y lo mismo con la polera (ojalá, de cuello polo, o una camisita al más puro estilo ingenieril). Perfume, correa, billetera, monedero, celular, encendedor, llaves y... lentes. Creo que tengo todo.
Salgo, levanto el dedo, me subo al micro, miro al horizonte, toco el timbre, se abren las puertas, se detiene el micro, me bajo, una chuchería para mi amorcito (bombones, chocolates, flores o qué se yo, lo que esté más a mano, para ser más honesto, antes que le vea). Espero. Espero. Espero... Sí... llegó.
- Hola bebé.
Lentes a la camisa, beso corto... suena su condenado teléfono.
- Espera -me indica. Espero... espero... espero... esp...-. Ya. Ahora sí. Era mi vecino que se le olvidó decirme que me iba a ir a ver más tarde.
- Grrrr.... condenado vecino...-pienso- !Ah!, mira qué bien - digo pensando lo contrario-. Mira compré esto para tí.
Me gano un besototote como el que esperaba a la llegada. Tomo su mano. Caminamos. Caminamos. Caminamos.
- Y qué hiciste anoche -me pregunta con su sonrisita angelical.
- Fui a dejar un par de pesos en el casino. Allí me encontré con...
- Ah... espera, es que te tengo que contar que ayer, mi amiga,... y mi otra amiga,... y el tipo de la barra... (resumen: media hora después, sé todo lo que hicieron sus amigas, de todos los jotes que tuvo y...) pero igual te eché de menos...
Con eso, me compró. Las lucas perdidas en el casino importaron nada entonces. Como que respiraba hasta otro aire. Le robo un beso con sabor al chocolate recién comprado.
- Tengo ganas de comer un helado (papi... le faltó decirme por su carita de niña buena)
- Yap, mira, allí está la gelatería más top de Viña.
- Ay, qué rico.
Caminamos. Caminamos. Caminamos. Parecía una procesión. Los pasos, a medida que nos acercaban al mostrador hacían temblar más mi bolsillo.
- Yap... yo quiero ese... (indicando uno del aviso publicitario)
- Me da por favor dos de esos -le digo al tipo del mostrador quien, impávido el pobre, atina luego a decirme:
- E... e... está seguro.
- Sí. Seguro.
- Es que ese es el megamaxihiperrecontramansoniquehelado.
- Sí, hombre. dame dos.
- Ok.
Pote, una bola, dos, tres, piñas, frutillas, salsa de chocolate, conos, cucharas, servilletas. Caja... ¿o asalto?... Caja.
- Uhmmm... gracias amorrrr - me dice ella como haciéndole cariño al helado con la cucharita. Yo a esa altura ya iba por mi segunda bola de chocolate amargo helado.
Caminamos, nos sentamos en torno a una mesa pequeña con dos sillas, justo frente a frente. Mejor ni recrear lo sensual de sus gestos durante su degustación.
Teléfono de ella "reloaded".
-Aló -dice ella aún acariciando con sus labios el cono- Holaaaa... cómo taiiii -la miro sin despegar oído ni mirada. Se ríe coqueta. Acuerda una cita.- Era mi vecino de nuevo. Dice que anda por acá y que, si quieres, nos podemos ir con él a... -!!!condenado vecinoooo!!!
- ¡Ah! mira que...
Teléfono... ¿de quién más?
- ¡Ah!, ya pos... vamos ya. -deja la cuchara en el pote, con todo y dos bolas de helado aún allí, toma su cartera, mi mano- Anda, vamos, está allá abajo.
- ¿Quién? -como haciéndome el...
- Mi vecino...
Al contrario de antes, corremos, corremos, corremos.
- No, espera... yo no quiero ir -digo con voz rogativa (para ocultar el enfado) a la salida del Mall.
- ¡Ya pos!... no seas así...
- No, es que no te he visto nada y allá va a haber gente desconocida y... (con sus oídos en el motor del auto, pareciera que yo dijera...) bla, bla, bla...
De pronto, su boca se abre, comienzan a emerger palabras... creo que va a decir algo que me gustará...
- ¡Puchas!... ¿Nos vemos mañana entonces?
¡Cuec!
- Te llamo -digo soltándole la mano y dándole apenas un roce a sus lindos labios.
Corriendo, dibuja entre su manita derecha, con su pulgar y su meñique un teléfono. En su boca se lee un "lla - ma - me"... y desaparece en el deportivo full equipo recién comprado de su vecino. Me paro en la esquina. Fumo. Veinte minutos más aparece mi micro. Me subo. Pago. Me siento. Duermo. Despierto. Me he pasado un paradero. Aprieto el timbre, el chofer mira hacia atrás. Paso otro paradero. Las puertas se abren. La micro no se detiene...
- ¡Bájese pues joven! -ladra el chofer con la máquina aún en marcha.
Me bajo. Camino. Saco las llaves. Abro la puerta de la reja. Abro la puerta de casa. Veo el sofá. Me tumbo. Prendo el notebook allí cercano abandonado. Abro MSN. Nadie en línea. Laptop al costado. Miro el techo...
Entro al Casino. Juego un poker. Gano. Tragamonedas. Gano. Ruleta. Gano. ¡Vamos, es mi día de suerte!
- El señor quiere apostar todo en esta mesa- pregunta el Crupier-
- ¡Vamos! -digo yo.
- El señor ha ganado su apuesta y se ha ganado el Mazda RX8 que la casa regalaba por su aniversario.
- Aló, amor -dice ella- Me vienes a buscar en tu auto, bebé -vaya que vuelan rápido los rumores, pienso-
- Ok, en minutos mejor nos juntamos donde siempre, ¿te parece?
- Ok, te esperoooo.
Ducha, secado, bóxers, pantalón, polera, billetera, monedero, cigarros, encendedor, llaves de casa, llaves del auto, lentes. Abro la puerta de casa, abro la reja, abro el portón. Abro el auto, me subo, cierro la puerta del auto, retrocedo. Abro la puerta del auto, me bajo, cierro puertas de la casa, me subo al auto, cierro la puerta. Conduzco. Llego. Ella esperándome. Se sube al auto. Me da un beso de una media hora. Me invita a bajar para que vayamos a la playa.
Abro la puerta, me voy a bajar del auto. Me caigo del sofá. Despierto.
Sonriente, después de todo, caminé por las calles de Viña del Mar, tomé la locomoción colectiva con el escaso último billete que me quedaba y llegué a casa. El sueño, duro algo así como un pestañazo. A penas y cerré los ojos, ya era otro día.
Me meto a la ducha y entre que luego, me seco y me visto, el teléfono comienza a sonar con la melodía más romanticona que encontré entre los tonos polifónicos para identificar cuando "mi amor" llame (ejalé... tú también lo has hecho, verdad?)
- Amoor -dice ella-, vendrás a buscarme luego para que vamos a pasear...
- Eh... sí, claro, por supuesto -yo olvidando ponerme pantalones y dirigiéndome de inmediato a la billetera, veo, tiritando, las últimas lucas del sueldo del mes-. ¿A qué hora te paso a buscar, bebé? (nótese la expresión infantilizante reemplazante de los calificativos potencialmente peligrosos como "gordi" o "flaca" o "chanchi" para los orgullos anatómicos femeninos).
- Por qué no vienes ahora... es que estoy taaan aburrida (claro, pienso yo, eso no me lo dijiste anoche cuando preferiste salir "con tus amigas", dejándome sólo, triste y abandonado... snif), y quiero salir siquiera tomar un heladito...
- Yap... me visto, y me voy.
Cuelgo, me pongo mis mejores bóxers (no sé por qué :P jajaja) cualquier pantalón que pille en mi gabeta pormenorizada de pantalones y lo mismo con la polera (ojalá, de cuello polo, o una camisita al más puro estilo ingenieril). Perfume, correa, billetera, monedero, celular, encendedor, llaves y... lentes. Creo que tengo todo.
Salgo, levanto el dedo, me subo al micro, miro al horizonte, toco el timbre, se abren las puertas, se detiene el micro, me bajo, una chuchería para mi amorcito (bombones, chocolates, flores o qué se yo, lo que esté más a mano, para ser más honesto, antes que le vea). Espero. Espero. Espero... Sí... llegó.
- Hola bebé.
Lentes a la camisa, beso corto... suena su condenado teléfono.
- Espera -me indica. Espero... espero... espero... esp...-. Ya. Ahora sí. Era mi vecino que se le olvidó decirme que me iba a ir a ver más tarde.
- Grrrr.... condenado vecino...-pienso- !Ah!, mira qué bien - digo pensando lo contrario-. Mira compré esto para tí.
Me gano un besototote como el que esperaba a la llegada. Tomo su mano. Caminamos. Caminamos. Caminamos.
- Y qué hiciste anoche -me pregunta con su sonrisita angelical.
- Fui a dejar un par de pesos en el casino. Allí me encontré con...
- Ah... espera, es que te tengo que contar que ayer, mi amiga,... y mi otra amiga,... y el tipo de la barra... (resumen: media hora después, sé todo lo que hicieron sus amigas, de todos los jotes que tuvo y...) pero igual te eché de menos...
Con eso, me compró. Las lucas perdidas en el casino importaron nada entonces. Como que respiraba hasta otro aire. Le robo un beso con sabor al chocolate recién comprado.
- Tengo ganas de comer un helado (papi... le faltó decirme por su carita de niña buena)
- Yap, mira, allí está la gelatería más top de Viña.
- Ay, qué rico.
Caminamos. Caminamos. Caminamos. Parecía una procesión. Los pasos, a medida que nos acercaban al mostrador hacían temblar más mi bolsillo.
- Yap... yo quiero ese... (indicando uno del aviso publicitario)
- Me da por favor dos de esos -le digo al tipo del mostrador quien, impávido el pobre, atina luego a decirme:
- E... e... está seguro.
- Sí. Seguro.
- Es que ese es el megamaxihiperrecontramansoniquehelado.
- Sí, hombre. dame dos.
- Ok.
Pote, una bola, dos, tres, piñas, frutillas, salsa de chocolate, conos, cucharas, servilletas. Caja... ¿o asalto?... Caja.
- Uhmmm... gracias amorrrr - me dice ella como haciéndole cariño al helado con la cucharita. Yo a esa altura ya iba por mi segunda bola de chocolate amargo helado.
Caminamos, nos sentamos en torno a una mesa pequeña con dos sillas, justo frente a frente. Mejor ni recrear lo sensual de sus gestos durante su degustación.
Teléfono de ella "reloaded".
-Aló -dice ella aún acariciando con sus labios el cono- Holaaaa... cómo taiiii -la miro sin despegar oído ni mirada. Se ríe coqueta. Acuerda una cita.- Era mi vecino de nuevo. Dice que anda por acá y que, si quieres, nos podemos ir con él a... -!!!condenado vecinoooo!!!
- ¡Ah! mira que...
Teléfono... ¿de quién más?
- ¡Ah!, ya pos... vamos ya. -deja la cuchara en el pote, con todo y dos bolas de helado aún allí, toma su cartera, mi mano- Anda, vamos, está allá abajo.
- ¿Quién? -como haciéndome el...
- Mi vecino...
Al contrario de antes, corremos, corremos, corremos.
- No, espera... yo no quiero ir -digo con voz rogativa (para ocultar el enfado) a la salida del Mall.
- ¡Ya pos!... no seas así...
- No, es que no te he visto nada y allá va a haber gente desconocida y... (con sus oídos en el motor del auto, pareciera que yo dijera...) bla, bla, bla...
De pronto, su boca se abre, comienzan a emerger palabras... creo que va a decir algo que me gustará...
- ¡Puchas!... ¿Nos vemos mañana entonces?
¡Cuec!
- Te llamo -digo soltándole la mano y dándole apenas un roce a sus lindos labios.
Corriendo, dibuja entre su manita derecha, con su pulgar y su meñique un teléfono. En su boca se lee un "lla - ma - me"... y desaparece en el deportivo full equipo recién comprado de su vecino. Me paro en la esquina. Fumo. Veinte minutos más aparece mi micro. Me subo. Pago. Me siento. Duermo. Despierto. Me he pasado un paradero. Aprieto el timbre, el chofer mira hacia atrás. Paso otro paradero. Las puertas se abren. La micro no se detiene...
- ¡Bájese pues joven! -ladra el chofer con la máquina aún en marcha.
Me bajo. Camino. Saco las llaves. Abro la puerta de la reja. Abro la puerta de casa. Veo el sofá. Me tumbo. Prendo el notebook allí cercano abandonado. Abro MSN. Nadie en línea. Laptop al costado. Miro el techo...
Entro al Casino. Juego un poker. Gano. Tragamonedas. Gano. Ruleta. Gano. ¡Vamos, es mi día de suerte!
- El señor quiere apostar todo en esta mesa- pregunta el Crupier-
- ¡Vamos! -digo yo.
- El señor ha ganado su apuesta y se ha ganado el Mazda RX8 que la casa regalaba por su aniversario.
- Aló, amor -dice ella- Me vienes a buscar en tu auto, bebé -vaya que vuelan rápido los rumores, pienso-
- Ok, en minutos mejor nos juntamos donde siempre, ¿te parece?
- Ok, te esperoooo.
Ducha, secado, bóxers, pantalón, polera, billetera, monedero, cigarros, encendedor, llaves de casa, llaves del auto, lentes. Abro la puerta de casa, abro la reja, abro el portón. Abro el auto, me subo, cierro la puerta del auto, retrocedo. Abro la puerta del auto, me bajo, cierro puertas de la casa, me subo al auto, cierro la puerta. Conduzco. Llego. Ella esperándome. Se sube al auto. Me da un beso de una media hora. Me invita a bajar para que vayamos a la playa.
Abro la puerta, me voy a bajar del auto. Me caigo del sofá. Despierto.
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