Nada y todo inunda nuestra inspiración ahora. A ratos, o casi siempre, quisiéramos escribir todo y nada, dudas y certezas, todo cuando fluye hasta nuestros dedos. Este parto literario, este espacio de letras, de imágenes y sonidos que no sólo se leen, sino que se logran desplegar hasta nuestras llemas y hasta esta pantalla ahora enfrentada y/o apoyada en nosotros. Bienvenidos a la comunidad de la comunicación. Que la construcción de relatos conforme rascacielos.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Casi perfecta

Y ahí estabas tú, con tus labios pintados en rouge y sus comisuras rodeadas, como adornadas, por un séquito de puntos negros y barros que tanto te caracterizaban el esculpir con tu boca un beso.

Y allí estabas tú, con tu frente, con tus mejillas, con tu rostro todo cubierto de espinillas, aquellos entes amarillentos que parecían pulular en desfile constante por la que quizá antes, mucho antes, fue una faz angelical.

Y allí estabas tú, tú y sólo tú frente a mi mirada. Tú y ese visionarme tan exquisito, ese mirarme que me abstraía, que me hechizaba. Allí, frente a mis ojos, los tuyos, mirando siempre uno al este y otro al oeste y esforzándose siempre por concentrarse quizá siquiera a instantes en torno a mi frente. ¡Ah! como olvidar esa desorbitación constante, esa mirada siempre ausente, esas cejas abundantes, esas pestañas casi inexistentes.

Y allí, sí, justo allí estaba tu boca. Tu boca que siempre a escasos centímetros de la mía me ofrecía el concierto desconcertado de tus amarillos y desordenados dientes emancipados. Cómo olvidar tu sonrisa. Cómo no ansiar provocar constantemente tu sonreir para ver si, cada nueva vez, un nuevo cilantro, un nuevo resto de chocolate me inspiraba a necesitar la delicia de tu boca.

Ahora es que ansío tu aroma, ese aroma de mujer natural, ese aroma nunca disfrazado de perfume alguno, nunca ocultado por la infamia de ducha alguna.

Ahora es que anhelo la notoria desproporción de tus pechos, el acné de tu espalda, la maraña de tus cabellos.

Ahora es que deseo tener aquí, junto a los míos, tus muslos flacos, tus dedos alargados, tus pantorrillas casi más belludas que las mías, tus pies siempre con cayos.

Ahora es que necesito que tú estés aquí. Tú, la que a pesar de todo y todos, fuiste la única en decirme, sinceramente, "Te amo"

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