Escribirse implica renunciar al silencio particular, a lo oculto natural.
- ¿Realmente puedes escribirte tal como eres, tal como sientes o piensas en un momento determinado? -me pregunta mi vocecilla interior un tanto inquieta por querer escribir algo a propósito de sí misma y de su oyente, yo mismo.
Escribirse implica tener ganas de decir algo. Es como vomitar algo, como extirparse frases, palabras, letras que, conexas o inconexas se muestran, se pasean por entre las paredes del cerebro y hasta del estómago, conformando una sensación nauseabunda de querer decir algo, diciendo nada porque, al fin y al cabo, todo y nada circunda por allí, pululando por el organismo y por el espíritu.
A ratos pienso que escribirse es como querer llorar, reír, gritar o lo que sea. Son muchas las sensaciones, muchas las acciones allí "arrejuntadas", como en señal de rebeldía.
Sería fácil escribir una novela que represente todo aquello o algo en prosa. Hacer esto básicamente lo entiendo como escribir en código lo que quiere decirse explícitamente. Obviamente no sé si es sano escribir en código. Entiendo que finalmente es como seguir guardando el silencio.
No es que guarde el secreto del universo. Por el contrario, estoy más bien lejano de aquello. Sólo quiero escribir, decir lo que sea, a propósito de todo el silencio guardado. Es como beber y dejar salir ideas que, generalmente, no hubiesen salido de esa especie de cuarto oscuro en el cual protejo mis sensaciones, mis sentimientos, mis ilusiones, fantasías, temores, enfados, decepciones y un sin fin de cosas y casos.
Escribirse es como lo que escribo. Decir mucho sin decir nada. Creo que todos sentimos aquello, aún cuando seamos más o menos extrovertidos, todos tenemos nuestro cuarto oscuro escondido
Creo que quizá aún temo escribirme y "me da lo mismo" que alguien lea o no esto. Mejor vuelvo a mi silencio.
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